Enamorarse es una experiencia maravillosa. Doy gracias a Dios por haber inventado a las chicas. Pienso que más de una ha intentado robar mi corazón, pero ahora que estoy en los caminos del Señor, tengo una actitud selectiva, cualquier chica no se puede enamorar de mí. No es que sea una especie de Adonis, porque aunque me considero atractivo, no me engrío con mi aspecto físico, sino es que si he de enamorarme de alguien, pues espero que sea creyente. Esta vez me toco tener la ingrata experiencia de enamorarme de una joven muy bonita, de escultural cuerpo y con una gracia especial que de cuando en cuando me hacía babear. La conocí en el trabajo, recién tenía una semana de haber ingresado, pero su encanto me atrapó desde el primer día. Mis amigos comentaban entre ellos quién sería el primero en mandársele y parece que se había iniciado una especie de competencia entre los varones para ver quién la enamoraba primero; en verdad, no quise intervenir en el asunto, pe...